REFLEXIONES/REFLECTIONS

Las miradas, experiencias, las voces de quienes se desplazan, los que caminan, los que se adaptan, los que crean, los que no son estáticos.


PERDERSE EN LA TRADUCCIÓN

Tanya Huntington

Mi versión angloparlante tiene una biografía. Mi yo hispana tiene otra. A veces coinciden y a veces divergen en una existencia que se me antoja más trenzada que fundida: algo así como una experiencia vital cuántica que abarca distintas realidades. La hispana estudió letras latinoamericanas. La anglo estudió teatro. La hispana escribe una columna para Literal, ensayos de crítica literaria, cuentos bastante malogrados y guiones de radio y de televisión. Imparte clases y talleres, y da lecturas y presentaciones. La anglo, con cada vez menos injerencia conforme pasan los años aquí en México, se atrinchera en casa para escribir poesía y pasar las tardes hablando con sus hijos en inglés. A veces se encarga de la columna. Las dos cooperan para traducir con tal de pagar las cuentas. Las dos poseen el alma inquieta del inmigrante.

En realidad, mi identidad anglo nunca ha sido hegemónica. Cuando nací mi padre trabajaba como maestro de preparatoria en una reserva de la nación Lakota llamada Eagle Butte, con lo cual la etiqueta de “vaquera” que me correspondía por genealogía familiar fue extirpada. Unos años después, mis padres participaron en la gran ola de inmigración de la segunda mitad del siglo XX que partió de áreas rurales hacia las manchas urbanas. Como urbanita de primera generación, correspondía que yo sufriera las vejaciones de todos los grupos sociales ya consolidados dentro de mi nuevo entorno. Según ellos, no pasaba de ser una provinciana advenediza. Por lo mismo, también correspondía que me hiciera amiga de otros inmigrantes recientes que venían de lugares más lejanos: Egipto, Camboya, El Salvador, Nigeria, etcétera.

Mi identidad hispana, esa otra que vive dentro de mí y que ahora escribe estas palabras, también nació en aquella reserva, donde mi padre enseñaba español entre otras materias (que incluían la lucha grecorromana). Mis recuerdos más tempranos del español provienen del libro de texto que empleaba, curiosamente titulado Hasta la vista, en el cual los ficticios y folclóricos Pepe y Lupe sostenían diálogos salpicados con signos de puntuación que andaban de cabeza y partían la segunda persona entre tú y usted. Como cualquier niño, mi interés principal en el español consistía antes que nada en poder armar algunos insultos ex profeso para poder aplicarlos contra esa legión de compañeros abusivos sin que se enteraran: mi preferido era “cabeza de cochino”, propiciado a través de la máscara de una sonrisa.

Hace poco, mi padre me contó que en algún momento durante aquellos años en la reserva intentó recaudar dinero suficiente para llevar a sus estudiantes sioux en un viaje escolar para que conocieran la gran Tenochtitlán. No lo logró, pero sí aprovechó la ocasión para mostrarles tarjetas postales de la fabulosa arquitectura portadora de murales de la Ciudad Universitaria de la UNAM. También les enseñó que podían recordar más fácilmente los nombres indígenas de los dos volcanes que reinan sobre el Valle de México si los rebautizaban como Purple Caterpillar y Extra Sea Water. Mi padre nunca se imaginó que dos décadas después, su hija anglo y su hija hispana se asentarían allí, bajo la sombra de esos volcanes, donde la anglo cocina sin chile, hace sumas y restas, pinta cuadros. Practica natación y juega croquet. Le gusta el beis. Se enferma a veces. La hispana saluda de beso, se encarga de las comunicaciones corpóreas y verbales con su adorado esposo (quien no habla inglés,) maneja como chilanga y se lanza a cualquier desafío de manera temeraria. Goza de excelente salud. Sigue hablando como marinera. Toma tequila y vive sin miedo.

 

Tanya Huntington. Escritora y artista multidisciplinar residente en la Ciudad de México.

I LOVE IMPROVISATION

IRIS GARRELFS

What was the motivation or event that force you to travel from your hometown to the country you currently live? 

Thankfully I wasn’t forced to move at the time that I exchanged Berlin for London. For me and my then partner, it was more a question of exploring something new. That said, London felt a little strange to start off with, all these tiny terraced houses didn’t live up to my experience of the large urban flats available in Berlin. How things change! We also initially commuted between the two cities, making it a rather soft transition. Architecture aside – and a few years until the body language felt as natural as verbal communication – until the Brexit vote I felt more at home in the UK than I ever did in Germany. 

How do your biography and memory dialogue with your art production?

One of my earliest ways of working with sound has been the voice and improvisation. To start of with, in a very musical capacity. I remember when I was really young, about 6 or 7 years old, my parents sang in the village choir. They would often practice at home with me making up new melodies, 2nd and 3rd voices to whatever was being sung. I also had the annoying (at least for others) habit to sing in the car, responding to the movement and landscape floating past. Whilst other things have inserted themselves into this equation, the idea of responding, whether to other sounds, spaces or people, is still very much right at the top of the agenda.

How do you define the interdisciplinary borders through which your work transits?

Ah yes, definitions, I don’t get on with them too well, at least when they are held too tightly. They tend to shrink inspirations and put people in their places. So, for the most part, I hold definitions quite loosely; they tend to be temporary and content-driven containers for communicating ideas to people. I work in quite a broad way and like to learn new ways of working, across genres, disciplines… So, my work meanders through the lands of music, art, voice, spaces, photography, drawing, text, voice, improvisation, composition, technology, performance, installation, phonography… in different combinations at different times. So rather than strict divisions, all these aspects are rather permeable fields that float through each other.

In what ways do you think that art is capable of generate empathy with a cultural otherness?

I am not sure that art per se can create empathy in an audience. It depends, at least to some extend, on the willingness of audiences to be open to the work (if not other people) in the first place. It is perhaps easier when the artist is present as part of her work, and can respond to an audience directly – which is why I love improvisation. That said, the making of art is certainly very capable in supporting empathy in the artists or maker!

Do you consider that the language of the country where you currently reside was a cathartic factor for your work of art?

I have liked English as a language for a long time. I like the way it rolls off my tongue, just on a physical level. On a semantic level, English is terribly rich. Probably because historically it has incorporated to many cultures over time including Celtic, Roman, French, Scandinavian. As a result there are many words for one thing/action, whilst one word can also have very many different meanings. That makes English very malleable from a poetical point of view. And I feel that more than a format or genre, a sonic sensibility combined with a poetical way of working ties all the different aspects of my work together.


SIN MEMORIA NO HAY POESÍA

GASPAR OROZCO

¿Cuál fue la motivación o suceso que te llevó a desplazarte de tu país de origen al que resides actualmente?

Primero, por estudios. Después, por la actividad profesional que elegí. Soy diplomático, lo que implica una trashumancia continua. Por supuesto, estas decisiones implicaron desde muy temprano el deseo de salir del entorno en el que nací y crecí.

¿De qué manera dialoga tu biografía y tu memoria con tu producción artística?

Tanto biografía como memoria son inseparables en lo que escribo. Me atrevería a decir que sin memoria no hay poesía.

¿Mediante qué temas o artificios artísticos manejas la cuestión de la nostalgia o el rechazo a tu lugar de nacimiento?

Para mí no es nostalgia. Es memoria. Es decir, algo que está vivo.

¿Cómo se incorpora la interseccionalidad en tu obra?

Supongo que esto se refiere a las diferentes identidades que conforman lo que entendemos por nuestra personalidad. Lo único que voy a decir aquí es que el concepto de nacionalidad me parece uno de los más limitados e incompletos para intentar definir algo tan escurridizo como la identidad de una persona. Creo que el concepto de Estado-nación es cada día menos útil para tratar de marcar identidades. En arte y poesía me parece un criterio pobrísimo. Es ahí precisamente en donde la idea de frontera –como límite de país- muestra su lado arbitrario.

¿Cómo defines las fronteras interdisciplinarias por la que transita tu obra?

Si algo tiene que expresarse, encuentra la forma para hacerlo. Lo que dice un poema no es lo mismo que dice una novela o una obra de teatro. No es lo mismo un soneto que poema en prosa. No es lo mismo una sola voz que un coro. Ahora bien, hay veces que para alcanzar la forma que la obra exige es necesario cruzar fronteras e internarse en otras formas de expresión más allá de la palabra escrita. Muchas veces -y esto es enriquecedor- esto se da en un diálogo con otro creador, lo cual, en mi caso, ha producido visiones paralelas sobre una misma idea.

¿Cómo ha sido la recepción de tus trabajos en el país en el que resides actualmente?

 Creo que ha sido buena. Tres de mis libros y varios textos han sido traducidos al inglés, lo que ha supuesto una nueva forma de diálogo con el idioma y con las tradiciones culturales de la lengua inglesa, ya sea en Estados Unidos o en el Reino Unido.

¿Mediante qué formas crees que el arte es capaz de generar empatía con una otredad cultural?

En el mejor de los casos puede ser un canal privilegiado de diálogo y por tanto de entendimiento mutuo. Por su riqueza y pluralidad de sentidos, el arte y la literatura tendrían que ser los mecanismos de comunicación más complejos y profundos entre sociedades con culturas distintas.

¿A qué dificultades productivas te has enfrentado con el choque cultural/religioso/político?

A ninguna. Al revés, creo que las diferencias han sido un claro estímulo a lo que he tratado de hacer. Me parece que hubiera encontrado más obstáculos, sobre todo internos, de haberme quedado en el país.

¿Consideras que la lengua del país donde resides actualmente fue un factor catártico para tu obra de arte?

No exclusivamente. Mi trabajo desde el principio se ha nutrido de otras lenguas y otras literaturas. Sería impensable sin esto. El nacionalismo suele ser nefasto en todo, pero especialmente en arte y literatura. Ningún país, ninguna lengua tienen un monopolio sobre la poesía. El convivir a diario con otras lenguas en una ciudad como Nueva York no es sino una confirmación viva de esa convicción a la que llegué desde muy joven.


LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN MUNDIAL SERÁ DE LOS MIGRANTES

RUBÉN GIL

Yo no soy migrante pero considero que dentro de Transmedia  Borders el concepto de migración no solo es espacial, ni de territorialidad geográfica, sino que el propósito es deambular de manera transversal indiscriminadamente; en este sentido, tampoco soy un migrante, a menos que estratifiquemos el arte y la vida, pero siendo honesto, no me gusta separar y generar divisiones ni disciplinares, ni vivenciales,  entonces, mejor dicho me considero un deambulador. El deambular se asemeja mas a la vagancia, al ocio y la deriva.

Ahora, por otra parte, al pensar la migración, considero que es un punto importante y pertinente en la actualidad, dadas las situaciones de conflicto que se encuentran presentes en múltiples latitudes de nuestro mundo, cuestión que inevitablemente me hace pensar si acaso la próxima revolución mundial será la de los migrantes, así como hace medio siglo fue la de las juventudes. Me parece posible.

Entonces, para relacionar lo que sucede en el mundo y lo que hago como artista en Transmedia Borders, hay que pensar la relación entre concepto y producción -vida y arte-, evidenciando la poética del construir algo frente a otra cosa o contexto que lo haga poesía per se, pues en el hacer se encuentra la analogía y la utopía de desbordar los limites hasta que desaparezcan, diluir los bordes disciplinarios es querer deshacernos de los limites, de las fronteras. Buscar en el romanticismo de la modernidad, en el arte y vida como unidad, no en las artes, en la intermedia como arte y cualquier lugar como una Pangea conceptual.


LA ESCRITURA ES UN BÁLSAMO

JOHNNY PAYNE

¿Cuál fue la motivación o suceso que te llevó a desplazarte de tu ciudad de origen a la que resides actualmente?

Mi caso fue desplazarme del estado de Kentucky a los 18 años.  Desde entonces, he sido algo peregrino, viviendo en diferentes partes.  Para mí, la motivación fue que estaba en conflicto con muchos valores de mi tierra: su espíritu conservador, y la claustrofobia familiar. Un marco relativo.  Me he considerado desde muy joven internacional de por sí.  Lo que más aborrezco es cualquier nacionalismo y aunque muchas de mis obras están ambientadas en Kentucky, no lo trato de manera nostálgica ni caigo en su folklore ni los clichés de los que puede representar, por ejemplo, ser un sureño. “Somos más cálidos, somos más hospitalarios, nos importa más la familia, nos aferramos más a nuestra tierra querida, todos somos músicos,” etc. No es así.  Todos somos seres humanos, y vivimos lo existencial de manera muy parecida.  Por mí, no tengo nación ni la quiero.

¿Cómo dialoga tu obra con el contexto político o social que te llevó a la migración?

Buscar al prójimo es mi impulso primordial.  Siempre voy a ver más semejanza que diferencia. Por algo fui traductor literario y recopilador en lengua quechua de las tradiciones orales a los 22 años.  Las etnias, la nacionalidad, el género, son para mí de relevancia limitada en cuanto a mi arte.  Quiero crear una percepción fragmentada en mi poesía, en que el simple dilema de existir en un mundo brutal y mutable nos obliga a tratar caso por caso al prójimo, con ternura pero también con escepticismo. La experimentación formal existe porque estamos tratando de representar una realidad efímera, no estática.  El punto de arranque cambia de lugar constantemente.  Estrictamente hablando, no hay ningún punto de origen.

¿De qué manera dialoga tu biografía y tu memoria con tu producción artística?

De hecho todos nos valemos de la memoria y lo personal.  Pero desde siempre me ha interesado trabajar dentro de una comarca histórica, haciendo uso de los discursos, lenguajes, y ópticas de diferentes épocas y civilizaciones. Puedo mezclar crónicas de los supuestos salvajismos de Brasil en el siglo XIX; con canciones pop; citas directas de la poesía metafísica; y escenas de mi relación erótica con una amante.  Al mismo tiempo, toda mi poesía es intensamente personal. Cuando releí La Odisea de Homero hace varios años, me reconocí en ese personaje. El es heroico a pesar de él mismo, porque tiene que ser, no porque le nace en el alma.  Es un hombre que simplemente quiere regresar a su casa para volver a ser rey, padre y marido, pero para hacerlo tiene que vencer y aniquilar a sus enemigos, y superar muchos obstáculos.  Mis líos y lazos amorosos, mi búsqueda espiritual, mi mezcla de melancolía y optimismo entrelazados, y mi fascinación con la lengua como un fin en sí, se manifiestan en mi libro Heaven of Ashes (Cielo de Cenizas).  No puedo evitar ahondar en lo más profundo de mi ser, lo más doloroso y estático de unas experiencias que más bien quisiera olvidar como persona.  Pero como poeta, hay que enfrentar todo, incluso lo más horrible de mi propio ser, y recuerdos traumáticos que amenazan con ahogarme.  La escritura en ese sentido es un consuelo, un bálsamo.

¿Mediante qué temas o artificios artísticos manejas la cuestión de la nostalgia o el rechazo a tu lugar de nacimiento?

No lo considero tanto un rechazo permanente sino una desconfianza.  Hay un afecto hacia todo lo que dejé.  Me formó como persona, aún cuando era un ejemplo negativo.  Muchas cosas fueron positivas.  Tampoco quiero hacer un fetiche de mi primer hogar.  Así me vuelvo como un ateo que constantemente habla de Dios.  Como tal, mi aproximación es teatral.  Proyecto sobre el escenario de mi tierra una luz artificial, que distorsiona, que a veces vuelve todo una comedia grotesca pero también cálida, y en ese espacio la insuficiencia del lenguaje por excelencia se adecua a la insuficiencia humana.  No soy mejor que nadie. No paso de ser un participante-observador.  Mi creencia de haber dejado todo atrás es ilusoria. De algún modo, sigo atrapado en mi propia conciencia.  Por eso escribo, pero es una tarea que no tiene fin.

¿Cómo se incorpora la  interseccionalidad en tu obra?

Hay cruces de todo tipo en mi obra.  Ya mencioné la mezcla de discursos, de muchos textos pre-existentes que no son parejos.  Esa técnica no es nada novedosa.  El vanguardismo ya tiene más de un siglo en pie.  Sin embargo, lo hago a mi manera.  Me sirve para extender mi poética, más allá de “mi” estilo.  El ingenio es dar con textos que son aptos para ser incorporados a mi poética.  Las letras del blues, por ejemplo, va conmigo, por sencillo pero hondo, por considerar el fracaso amoroso como tema del humor.  Asimismo, me encantan las narrativas coloniales de América Latina, cuya profusa elegancia barroca contrasta con mi tendencia hacia el aforismo.

¿Cómo defines las fronteras interdisciplinarias por la que transita tu obra?

No puede existir interdisciplinariedad dentro de una obra poética exitosa.  O se incorporan o no se incorporan las materias diversas.  Al final, hasta el poema más reventado mío anhela ser neoclásico.  Nunca llegué a ser un postmodernista de verdad.  Me quedo atracado en el modernismo de alguna forma, porque no rechazo el propósito que puede haber un discurso maestro, por lo menos dentro de mis propios escritos.  El ser humano es fracturado, pero quisiera ser una sola cosa.  Hay preceptos eternos, algunos, y por dentro, mi ser secreto quisiera poseer verdades universales.  Tal vez por eso me gusta tanto la poesía clásica china, la cual me ha influido mucho.  Esos poemas son intensamente personales, pero al mismo tiempo corre por ellos una corriente inmutable.

¿Cómo ha sido la recepción de tus trabajos en el país en el que resides actualmente?

Me va bien en estos tiempos.  Siento que tengo mi público, que me escucha sin prejuicios.  Cada libro o proyecto que escribo o creo es diferente al anterior. Nunca quiero ni puedo repetirme.  Mi estilo cambia radicalmente.  A veces un lector o espectador quiere el arrullo de la constancia, y se estorba con tantos cambios, ya sospechando que este autor no tiene verdadero estilo, es un fanfarrón sin esencia.  Pero me he sentido entendido en cada reinicio.

¿Mediante qué formas crees que el arte es capaz de generar empatía con una otredad cultural?

Discrepo con muchos en cuanto no creo en la otredad.  Justo todo lo que hago es para superar esa otredad, ni la quiero tomar mucho en cuenta, no porque me confunda con la otra gente, claro que tengo mi particularidad.  Pero busco reconocerme en ellos, y ellos en mí.  No quiero extraños más de lo necesario.  Quiero traerlos a mi casa poética, y yo morar en la casa de ellos.  Si hay empatía, nace en mí o en tí, no por, o a pesar de, pertenecer a una etnia, nación, o raza.  El arte que lleva cualquier tipo de bandera en muchos casos termina siendo genérico.  Sé tú.  Entiéndete a ti mismo.  Eso ya es mucho proponerse.

¿A qué dificultades productivas te has enfrentado con el choque cultural/religioso/político?

De ningún tipo.  El verdadero enemigo del arte es la indiferencia del 90% de la población hacia la poesía, la profunda ignorancia que rige el país que tiene el poder de darme o negarme un pasaporte al mundo.  En términos de percibir de manera aguda las sutileza de la condición humana, somos un país de analfabetos.

¿Consideras que la lengua del país donde resides actualmente fue un factor catártico para tu obra de arte?

Lo que más me ha marcado es el bilingüismo.  Fundé y dirigí por una década un programa de posgrado bilingüe en Texas.  Fomenté la escritura de muchos alumnos latinoamericanos, ayudándoles a desarrollar el manejo artístico de su propio idioma. He escrito algunas obras en español, como mi novela La muerte de Papi.  Esa novela, por sus muchos homenajes novelísticos, y su juego con el lenguaje y su sátira política, me costaría traducirla al inglés.  Así que en todo momento he vivido con esa conciencia de dos idiomas y dos tradiciones literarias.  Sin ellos, no sería ni la persona que soy ni el escritor que soy.


EL SONIDO ES UN MIGRANTE PERPETUO

ABRAHAM CHAVELAS

¿Cuál fue la motivación o suceso que te llevó a desplazarte de tu ciudad de origen a la que resides actualmente?

La necesidad de ver mucho más allá, de escuchar otras voces, nuevos sonidos, apreciar expresiones culturales distintas –aunque no alejadas- de mi lugar de origen, absorber una mayor diversidad de manifestaciones sociales y artísticas, aprender, explorar, descubrir, crecer.

¿De qué manera dialoga tu biografía y tu memoria con tu producción artística?

No estamos exentos de re utilizar, apropiarnos o reinterpretar momentos, sensaciones, ideas, conocimientos. Todos los referentes de lo que hemos escuchado, visto y experimentado están ahí, en alguna parte de la memoria. No hay un diálogo intencionado, suele emerger de manera natural en algún momento, algunas veces mucho más evidente y otras más sutil, pero siempre estará presente.

¿Mediante qué temas o artificios artísticos manejas la cuestión de la nostalgia o el rechazo a tu lugar de nacimiento?

No creo que existan tales, la balanza no se mueve hacia ningún lado. Al menos no sobre el territorio o espacio físico, los lazos que se tejen entre las emociones y mis piezas son con la sensación misma; un collage de emociones que me permiten traducir ese sentimiento en sonido.

¿Cómo defines las fronteras interdisciplinarias por las que transita tu obra?

Prácticamente hay sonido en todos lados, o todo puede transformarse en sonido, el texto, el movimiento, la imagen. Creo que tengo la fortuna de explorar y ampliar las posibilidades, la elasticidad y lo interdisciplinario en mi proceso creativo en cada obra desde su concepción, las fronteras se diluyen. El sonido es un migrante perpetuo.


EL ARTE ES REVOLUCIONARIO Y REACCIONARIO, NACIONAL Y UNIVERSAL AL MISMO TIEMPO

PABLO DE CUBA SORIA

¿Cuál fue la motivación o suceso que te llevó a desplazarte de tu país de origen al que resides actualmente?

La falta de libertades políticas y por extensión de pensamiento y creación me llevaron a tomar la decisión de irme de Cuba. Yo había terminado la carrera de Letras en la Universidad de La Habana y Cuba se encontraba (se encuentra todavía) en una asfixia político-cultural donde tener una postura crítica ante los derroteros del país podía implicar un gran riesgo para tu integridad personal y profesional. Asimismo, la falta de oportunidades para el desarrollo intelectual y creativo no dejaban otra opción que el exilio.

¿Cómo dialoga tu obra con el contexto político o social que te llevó a la migración?

Debo dejar en claro que ante todo mi obra dialoga con el contexto escritural de buena parte de la historia de la literatura universal: en mi mente, al escribir un poema, está ante todo mi relación amor-odio con aquellas obras literaria que componen mi tradición -tanto nacional e hispana, como universal-. Ahora bien, sin dudas el contexto político-social en el que uno crece vital y artísticamente deja marcas en lo que se escribe, y el caso cubano es particularmente conflictivo en ese sentido: la creación siempre exige un marco de libertades que en una sociedad totalitaria y dictatorial como la cubana se ve puesta en riesgo de manera constante, de ahí que en mi caso la escritura haya sido un medio para tratar de darle oxígeno a mi necesidad de libertad -tanto en un sentido práctico como literario-.

¿De qué manera dialoga tu biografía y tu memoria con tu producción artística?

No podría entender de qué manera una obra artística no se relaciona con la biografía y la memoria de aquel que la produce. Siempre hay vasos comunicantes entre el ser y el hacer. El escritor, el artista, el músico enmascaran esas obsesiones y huellas que componen la existencia a través de símbolos, figuras retóricas, resonancias versales y/o prosaicas, notas musicales, formas… Ya lo dijo Flaubert: “Madame Bovary c’est moi”. Ahora, esto que acabo de decir no significa que un poema (por poner un medio de expresión que me atañe) sea el resultado de algo que me pasó biográficamente, pero sin lugar a dudas fue posible gracias a alguna obsesión que forma parte de mi existir, de mi forma de ser e interpretar el mundo.

¿Mediante qué temas o artificios artísticos manejas la cuestión de la nostalgia o el rechazo a tu lugar de nacimiento?

En mi caso he llegado a entender la poesía justamente como un lugar más allá de la nostalgia o el rechazo a mi lugar de nacimiento. Entiendo el exilio, mi exilio, como un espacio de muchas más ganancias que pérdidas. Mi idioma (en este caso el español) lo puedo llevar a cualquier lado: dígase Santiago de Cuba (donde nací) o el estado de Virginia (donde ahora vivo). La patria de los poetas son el idioma en el que escriben. Y a su vez, ese idioma requiere de una forma expresiva… Me considero un escritor de sobreabundancias verbales, barroco en su esencia, por lo tanto el exilio a venido a incorporarle más formas y complejidades a ese necesidad particular de acumulación de resonancias. De donde vengo biográficamente está en mi escritura, pero ya transfigurado, en constante fuga.

¿Cómo se incorpora la interseccionalidad en tu obra?

Sinceramente la “interseccionalidad” me resulta un término confuso. Debe ser incapacidad de mi parte para comprender dicha idea. Cuando escribo un poema jamás pienso en mi condición racial, sexual, etc.

¿Cómo ha sido la recepción de tus trabajos en el país en el que resides actualmente?

La verdad que no puedo quejarme. He publicado con regularidad en los casi quince años que llevo en Estados Unidos, entre ellos cuatro libros de poesía, uno de ensayos y otro de prosa. Asimismo, he tenido la suerte de asistir a varias conferencias y encuentros de escritores y artistas en ese tiempo.

¿Mediante qué formas crees que el arte es capaz de generar empatía con una otredad cultural? 

El arte siempre es “otredad”, por antonomasia. El arte es revolucionario y reaccionario, nacional y universal al mismo tiempo. Es decir, el arte anula tales antagonismos. Ya Borges mencionó aquello de que en El Corán jamás se menciona un camello. El Comala de Rulfo es la Santa María de Onetti que a su vez es el Macondo de Márquez que a su vez es la Yoknapatawpha de Faulkner… regiones que vienen todas desde la lejana y sempiterna Ilión.

¿A qué dificultades productivas te has enfrentado con el choque cultural/religioso/político?

El tener que adaptarte a una cultura con particularidades distintas a aquella en la que naciste y creciste es sin dudas un camino que entraña dificultades, no obstante en mi caso particular en los Estados Unidos he gozado de las libertades que en mi país jamás tuve para poder desarrollar mi obra.

¿Consideras que la lengua del país donde resides actualmente fue un factor catártico para tu obra de arte?

En lo absoluto… mi Pound y mi Eliot hablan el idioma de Cervantes.


*Entrevistas: Danya Villegas.